Chen de Capella

El Velatorio

Adolf Mas. Puerta del cementerio de Capella

En el pueblo de Capella, había un grupo de jóvenes que ocasionalmente se ganaban la vida como albañiles: Joaquín, Juan y otros más.

En cierta ocasión fueron contratados para hacer obras en una casa situada en las afueras de un pueblo cercano a Capella. Casa que hoy está deshabitada y en estado de ruina.

Uno de los días, el pesar se adueñó del hogar de la familia que los había contratado: el venerado abuelo había fallecido. Conforme a las tradiciones de antaño, la familia debía pasar la noche despierta en compañía del difunto.

Los altruistas albañiles de Capella propusieron un gesto de solidaridad: sugerían que la familia descansara, ya que a la mañana siguiente les esperaba un pesado día, mientras ellos se encargaban del velatorio. Los de la casa aceptaron con gratitud.

Los albañiles se alternaban en la tarea de vigilar al difunto, garantizando que todo estuviera en su lugar y que el abuelo estuviera, en efecto, sin vida.

Durante uno de estos turnos, Joaquín decidió hacer una broma. Cogió al difunto y lo puso de pie mirando por la ventana. Luego, bajó a la cocina como si nada hubiera ocurrido.

Más tarde, fue el turno de Juan. Al entrar en la habitación y ver al abuelo de pie en la ventana, el terror se apoderó de él. Bajó corriendo a la cocina y relató lo que había visto a sus compañeros, quienes insistieron en que tal cosa era imposible.

Joaquín, viendo a Juan tan perturbado, se ofreció para verificar la situación. Subió a la habitación, cogió de nuevo al difunto y lo volvió a poner en el lecho. Luego bajó y afirmó que todo estaba en orden.

Sin embargo, Juan seguía insistiendo que había visto al difunto de pie en la ventana.

Finalmente, decidieron comprobar la situación todos juntos. Al subir a la habitación, hallaron al difunto reposando en su cama.

Las bromas persistieron durante toda la noche, mientras Juan insistía una y otra vez en lo que había presenciado.

Al final, la noche del velatorio transcurrió sin más contratiempos. La familia agradeció profundamente la ayuda de los albañiles de Capella, quienes, a su vez, se llevaron una anécdota inolvidable para relatar durante años.

M.
PD: Así me lo comentaron, más o menos.

Fotografía de la puerta del cementerio de Capella en 1917.
Autor: Adolf Mas (1860-1936). (c) Institut Amatller d’Art Hispànic. Arxiu Mas